En el año 2020, tuve mi primer acercamiento con la inteligencia artificial.
En ese momento, junto a dos amigos, lanzamos un libro de fotografía sobre Guayaquil, cubriendo el periodo entre 1890 y 1920. Lo novedoso de este proyecto fue que utilizamos inteligencia artificial para la colorización primaria, empleando un algoritmo disponible en ese momento y estableciendo nuestra propia infraestructura (un servidor costoso, por cierto).
Además de estas colorizaciones, realizamos otros trabajos manuales de edición fotográfica. En aquella etapa, la colaboración entre IA y humano aún implicaba una carga significativa para la parte humana. Toda la corrección previa a la colorización dependía del editor fotográfico del proyecto, quien tenía que trabajar pixel a pixel.
Fue un proyecto innovador y único. De hecho, hasta el día de hoy no he visto que alguien lo replique, lo cual, en lo personal, me hubiera gustado.
Fueron mis primeros pasos en la interacción entre la mente humana—materia gris, sangre y neuronas en constante chispa—y la inteligencia artificial, un ente de silicio, datos y cálculos algorítmicos.
Luego, en 2023, tuve un acercamiento más directo con ChatGPT. Me acerqué con incredulidad, pero también con la conciencia de que había que aprender. Hoy, y creo que a muchos les sucede, veo interacciones con IA en todas partes, y la gente lo percibe como algo normal. Hay una mayor aceptación.
No sé si seguimos en una etapa de early adoption, es probable que sí. El problema es que con la IA todo sucede de manera exponencial, y es posible que no notemos con claridad la frontera entre la adopción temprana y la siguiente fase: la mayoría temprana.
Lo que sí escucho a diario en pleno 2025 es que «la IA nos va a quitar el trabajo a todos».
Creo que la IA, efectivamente, se hará cargo de muchas tareas que hoy realizamos los humanos, pero también estoy convencido de que su aparición ha multiplicado las oportunidades para crear nuevos negocios y productos.
Desde mi trinchera—el mundo de la tecnología—veo cómo todos mis clientes buscan productos que requieran algún tipo de automatización inteligente. En cada conversación, en algún momento, surge el tema de la inteligencia artificial. Algunos clientes aún no saben lo que quieren, pero al escucharlos, me doy cuenta de inmediato de lo que necesitan. Y, entre cientos de interacciones, he identificado patrones y tendencias claras.
Hoy, varios de los productos que las empresas esperan aún no existen, y otros apenas están surgiendo. Como desarrolladores de soluciones, podemos crear proyectos personalizados utilizando las herramientas disponibles. Sin embargo, todo lo relacionado con la personalización es costoso, y muchas pequeñas y medianas empresas no pueden hacer esa inversión.
Ahí es donde nacen las oportunidades.
El desarrollo de nuevas soluciones—hoy inexistentes—orientadas a modelos de venta recurrente por volumen. Eso es lo que muchas empresas buscan: acceso a tecnología, productos específicos, económicamente accesibles y que generen valor. No es que antes no existieran soluciones, pero muchas están sobre plataformas demasiado complejas, intentando abarcar demasiadas funcionalidades. Hoy, hay un mercado creciente para herramientas más especializadas. Ya no necesitamos un ERP con 50 módulos.
Este escenario de generación de nuevos productos es un campo donde los emprendedores pueden moverse como peces en el agua. Y aunque no todos somos emprendedores seriales, hay desarrolladores, contadores, administradores y otros profesionales que serán clave en estas iniciativas.
En las conversaciones que tengo con colegas del mundo tecnológico, surge una idea preocupante: la inteligencia artificial podría estar marcando el final de la generación de innovación humana, relegándonos a un rol de verificación y ajuste conceptual en lugar de creación.
Tal vez me equivoque. Me gustaría que así fuera. Quisiera que sigamos creando cosas, rompiéndolas y reconstruyéndolas cuando sea necesario.
Lo importante es entender que hay nuevas oportunidades de empleo y emprendimiento. Y que, aunque la IA cambie la forma en que trabajamos, la necesidad de innovación humana sigue vigente.