Hace algunos días publiqué un artículo donde comentaba que la inteligencia artificial había entrado a muchas empresas por la puerta de atrás.
La idea era sencilla: muchas organizaciones ya están utilizando IA, pero en muchos casos no fue la empresa quien tomó la decisión. Fueron sus colaboradores quienes comenzaron a experimentar, aprender y encontrar formas de hacer mejor su trabajo.
Después de publicarlo recibí varios comentarios interesantes, pero uno en particular me dejó pensando:
«Está claro cuál es el problema, pero ¿por dónde empieza una empresa que quiere hacer las cosas bien?«
Me pareció una excelente pregunta. Porque cuando hablamos de inteligencia artificial, muchas veces pensamos que el primer paso es comprar una suscripción, contratar una herramienta empresarial o crear una política interna.
Yo creo que el primer paso es mucho más sencillo. Una reunión.
Pero no una reunión para presentar una herramienta o anunciar una nueva tecnología. Una reunión para escuchar.
Hace algunos años, cuando una empresa implementaba un nuevo sistema, normalmente el proceso era diferente. Primero se analizaba la necesidad, luego se seleccionaba una solución, se capacitaba a los usuarios y finalmente se ponía en producción.
Con la inteligencia artificial ocurrió algo diferente. La tecnología llegó primero a las personas.
Un colaborador descubrió que podía resumir documentos más rápido. Otro empezó a utilizarla para preparar presentaciones. Alguien más encontró que podía mejorar sus correos o automatizar tareas repetitivas. La adopción empezó desde abajo.
Y eso no es algo negativo.
De hecho, probablemente es una de las mejores señales de que una tecnología tiene utilidad real. Las personas encontraron valor antes de que la organización tuviera tiempo de definir una estrategia.
El problema aparece cuando la empresa desconoce lo que está sucediendo. Por eso creo que la primera reunión debería incluir precisamente a esas personas que ya están usando inteligencia artificial.
No necesariamente al equipo de tecnología, no necesariamente a los gerentes. A quienes ya la están utilizando.
Las preguntas son simples:
- ¿Qué herramientas están usando?
- ¿Para qué las están usando?
- ¿Qué tareas les están ayudando a resolver?
- ¿Cuánto tiempo están ahorrando?
- ¿Qué información están compartiendo con estas herramientas?
Esta última pregunta probablemente será la más importante. Porque la inteligencia artificial no solamente cambia la forma en que trabajamos. También cambia la forma en que manejamos la información.
Y ahí es donde la empresa debe empezar a participar. No desde la prohibición, sino desde la claridad.
Quizás después de esa conversación descubramos que algunas personas necesitan mejores herramientas. Que ciertos procesos pueden mejorarse. Que algunas tareas no deberían hacerse con IA. Que existen riesgos que nunca habíamos considerado.
Todo eso es información valiosa.
No hace falta salir de esa primera reunión con una política de cincuenta páginas. Tampoco con una decisión inmediata sobre qué plataforma contratar. Hace falta salir con una fotografía real de lo que está ocurriendo.
Porque antes de gobernar algo, primero debemos entenderlo.
La inteligencia artificial ya está transformando la forma en que trabajamos. La pregunta para muchas empresas ya no es si deberían empezar a usarla. La pregunta es si están dispuestas a escuchar cómo sus propios colaboradores ya la están usando.
Quizás esa sea la primera conversación que una empresa debería tener sobre IA.
Y curiosamente, no empieza con una herramienta, empieza con las personas.
